miércoles, 18 de julio de 2012

Tomo II - Pánico y locura en las cuevas

Habiéndome inquietado sobremanera la mención que hizo el desagradable Profesor Azblanazi de mi amigo Roger, cuya desafortunada expedición a las cuevas Ygghador de Islandia aparentemente había llegado a mal puerto, nos dirigimos al Asilo Ravenloft para Dementes Incurables, esperando que al ver una cara amiga Willmoore se recompusiera. Apenas entrar al lúgubre edificio, y escuchar los aullidos inhumanos de sus reclusos, me fue evidente que esto no sucedería. De mi breve entrevista con quien fuera el ilustre Roger Willmoore prefiero no hablar; habrá de llevarse sus horribles secretos a la tumba, pues conmigo no logró comunicarse en ningún dialecto conocido por el hombre. Incluso mi experiencia en lenguas me impidió discernir más que una sarta de obscenas incoherencias.

Salí de aquel establecimiento con el peor de los ánimos, y sin haber logrado esclarecer nada. Me excusé con el Profesor Ablanazi, y disponíame a retirarme, cuando un individuo se me acercó abruptamente – evidentemente me había estado esperando – e identificándose como un miembro del Special Branch1, me entregó un paquete de papel marrón sucio, que al parecer había pertenecido a otro de los miembros de la fatídica Expedición Willmoore. Me informó que seguramente sería de mi interés, tras lo cual se esfumó sin mayor ceremonia.

Aquella misma noche, luego de comer con poco apetito la cena preparada por mi sirviente Hafiz, abrí ansiosamente el paquete para descubrir una plétora de cartas y notas diversas escritas por un tal Thomas Scott, miembro de la expedición y cadete de segunda clase a bordo del HMS2 Prince Albert, el más veloz Zeppelin de la flota imperial.

Dispuse los papeles sobre mi escritorio y me aboqué a su lectura. Debo aclarar que omito aquí y allá detalles irrelevantes, y agrego aclaraciones de mi puño y letra donde lo creo necesario.



*** Diciembre 5

Querida Emily,

Por secreto militar no puedo revelar dónde me encuentro, pero estoy bien. El HMS Prince Albert, gloria de Albión, tocó puerto en una estación meteorológica secreta cuya ubicación no puedo revelarte. ¡Todo el trayecto duró unas pocas horas! [ Aquí el joven Scott se refiere a la estación científica en Ygghador. No me asombra su rápida llegada, dado que este moderno Zeppelin alcanza una velocidad crucero de setenta nudos. William. ] Esta joya de la tecnología moderna haría empalidecer incluso a ese mentecato de Phileas Fogg. ¡Ochenta días alrededor del mundo! Prueben mejor cinco o seis.

Nuestra expedición está integrada por un grupo numeroso. La lidera, claro está, el renombrado científico Ser Roger Willmoore, armado con prodigios tecnológicos que no cesan de maravillarme y que nos serán de suma utilidad.

Hay además un contingente de fieros malayos al mando del Coronel Kurtz. El Coronel es un veterano de las sublevaciones de los Zulu en la África Negra. Su cara está zurcada por cicatrices, y su tez tostada por el inclemente sol africano es tan oscura que diríase que de un negro se trataba. Sólo en sus vivos ojos azules se nota el intelecto de un hombre blanco. Los malayos le obedecen sin chistar.

Matthews y yo servimos en la tripulación del Prince Albert. ¿Te acuerdas que te mencioné a Matthews? Nos enlistamos juntos en la armada.

Completa el grupo nuestro médico de campaña, William Gull. Otrora médico de la Corona, aparentemente cayó en desgracia por su participación en un escándalo cuyos detalles desconozco. Matthews opina que lo enviaron con nosotros para alejarlo de la corte.

Te quiere,
Thomas.


*** Diciembre 6

Emily,

Luego de recorrer varios kilómetros desde la estación, nos adentramos en las cuevas de ______, dejando sólo un destacamento mínimo en el Zeppelin. Según Willmoore, las cuevas son el producto del impacto hace milenios de algo que ha dado en llamar la "Anomalía X". Insinúa el Profesor que dicha anomalía no es de nuestro mundo.

Al impactar con la superficie terrestre, este cuerpo extraño dejó un rastro de destrucción a lo largo de tres millas, para finalmente enterrarse en el punto en el cual ahora se abre la entrada de la cueva, como una siniestra boca en eterno bostezo. La circunferencia de la entrada es un agujero inmenso en el hielo y la roca, por el cual pasarían fácilmente varios elefantes. Curiosamente, el hielo no se ha derretido ni alterado en mil años.

¡Gracias a Dios trajimos nuestras lámparas Tesla! De otra forma, la oscuridad adentro sería total.

Me inquieta el Coronel Kurtz. Él y sus malayos van armados con fusiles, incluso los porteadores. Kurtz además blande un sable indio cual si de un machete se tratara. ¿Qué espera encontrar?

Cariños,
Thomas.

PD: le mostré tu retrato a Matthews, quien opina que eres muy bonita. Me dijo sin embargo que andar mostrando retratos de prometidas es de mal agüero. ¡Qué tontería!



*** Diciembre 8

Querida,

La temperatura sube a medida que descendemos por el tronco principal de la cueva, que se hunde más y más en la tierra, como si quisiera tragarnos. Me desconcierta que hacia los lados se abren varias subramas. ¿Cómo es posible, si la cueva es producto de un impacto? Es como si algo vivo o con voluntad propia las hubiera excavado. Si no tenemos cuidado, corremos riesgo de extraviarnos.

Pero el Profesor Willmoore no se desanima fácilmente: ha traído consigo unos artefactos que llama "exploradores automáticos", verdaderos prodigios tecnológicos. De aspecto son como pequeños huevos Fabergé de color dorado, con un rotor en el extremo superior que les permite volar suspendiéndose en el aire. Están equipados con un monóculo de cristal, que les permite registrar la cueva y detallarnos un mapa de la misma. Su "cerebro" funciona gracias a un intricado mecanismo de relojería. El Profesor les dio cuerda, y allá fueron volando a descubrir todos los recovecos de la cueva.

¡Este hombre es un genio! Así no podemos perdernos.

T.



*** Diciembre 12

Estamos perdidos.

Nos habíamos aventurado por uno de los túneles laterales de la cueva, siguiendo un resplandor que excitó la curiosidad del Profesor Willmoore. Kurtz opinó que era "una soberana estupidez" apartarse del tronco principal, pero el Profesor nos aseguró que sus dispositivos exploradores nos impedirían perdernos. Pero al cabo de unas horas de adentrarnos por el túnel, que se retorcía en direcciones inesperadas, resultó que el Profesor no podía encontrar los malditos cacharros.

No tenemos más opción que acercarnos a la fuente del resplandor. De esa dirección proviene un calor frío y viscoso que me resulta desagradable. Los malayos sólo avanzan bajo reiteradas amenazas del Coronel, a quien temen. [ ¿"Calor frío"? ¿"Viscoso"? Desconozco a qué novedoso concepto científico se refiere el joven Scott. W. ]

Matthews revisó las provisiones y me aseguró que alcanzarán para diez días.



*** Diciembre 13

Encontramos uno de los artefactos del Profesor. Se había quedado sin cuerda, y al pararse su rotor se precipitó al suelo, rompiéndose en mil pedazos. Montones de diminutos engranajes dorados decoraban el suelo de la cueva. ¿Los otros habrán corrido igual suerte?

A medida que nos acercamos al extraño resplandor, los ánimos se caldean. Los malayos maldicen constantemente en su media lengua bastarda. Escuché gritos y resultó que el Coronel estaba intentando estrangular a William Gull. Al parecer el médico había intentado tratar un simple raspón con su bisturí de cirujano. Cuando finalmente los separaron, el Coronel todavía vociferaba que, la próxima vez que intentara algo así, lo "operaría con su machete".



*** Diciembre 17

Cinco malayos han desaparecido misteriosamente. El Coronel Kurtz se rehusa a hablar del tema. Durante la ¿noche? se ha pintando el rostro cual guerrero Zulu.

La fuente del resplandor está tan cerca que las lámparas Tesla ya no son necesarias; podemos ver perfectamente las paredes de la cueva, iluminadas por una repulsiva luz verdosa. El Profesor está enloquecido, ajeno a cualquier problema de la expedición, y apura su marcha. William Gull lo sigue en silencio.

Matthews revisó las provisiones y opina que deberíamos volver, pero nadie nos escucha. De todas formas, ¿por qué camino volveríamos?

Tengo hambre.



*** ???

[ A partir de este momento, las cartas no están fechadas. El cadete debe haber perdido la cuenta del tiempo. W. ]

Olvidamos la sed y el hambre al encontrar lo que el Profesor buscaba: un trozo de roca gigantesco, un meteorito refulgente, de un color nauseabundo que no puede ser de este mundo. A su alrededor, esqueletos de cuasi-humanos, o más bien simios deformes, de huesos alargados y cráneos imposibles. Sus restos se disponen alrededor del meteorito, cual si de un ritual perverso se tratara. El Profesor los llama "Antiguos"; ignoro la razón.

Cuando el Coronel preguntó hoscamente si, dado que sus Antiguos estaban a todas luces muertos, podíamos emprender la vuelta, el Profesor lo miró como si fuera débil mental. "¿Qué científico rechaza examinar los restos de una civilización desconocida?", le gritó indignado.



*** ???

El Profesor y William Gull estudian al meteorito; al parecer no es el fragmento principal, sino que una roca todavía más inmensa descansa en las profundidades de la tierra. Sólo pensarlo me da escalofríos. Kurtz y sus malayos – los que quedan – patrullan el segmento de cueva en el que nos hayamos.

Más tarde un porteador tocó la extraña roca con la mano descubierta, desoyendo la advertencia del Profesor, emitió un alarido y salió corriendo. Nunca volvimos a verlo.

Matthews y yo descansamos. Estamos agotados y las provisiones escasean.



*** ???

Emma... Em.. mily, [ Acá la letra se vuelve borrosa y me es dificultoso leerla. Haré mi mejor esfuerzo. W. ]

Tuve un sueño extraño. Soñé que vivía hace miles de años, en una tierra extraña. No era... no era del todo humano. Yo y mis hermanos adorábamos a un Ser Terrible, que dormía y esperaba en las profundidades. ¿Qué esperaba? De alguna forma sabíamos que dentro de eones, habríamos de comenzar nuestra labor. El Ser dormía y palpitaba con desagradable calor.

Me desperté hambriento.

Kkurtz gritaba y discutía con el Profesor. Creo que la pintura de guerra en su cara es sangre.



*** ???

Otro de los malayos intentó irse y apuntó con su fusil a Kurtz. Éste se movió con la agilidad de un gato, cortando limpiamente las manos del malayo con su sable indio, y luego se abalanzó sobre él con un rugido bestial.

Nunca... nunca vi tanta sangre en mi vida.



*** ???

Emmmriry,

Al Prof...esor ya no es posible separarlo de su roca. La ha tocado también, lo ví con mis ojos. Ahora es imposible comprender lo que dice; ningún cristiano ha hablado jamás de esa forma.

Krrurtz y su puñado de malayos ha desaparecido. Se aventuraron por otra de las cuevas y ya no volvieron. El doctor Ghull dormita entre huesos de los Antiguos, a los que ha cortajeado con su escalpelo.



*** ???

Todo está perdido. Los del Ze.. Zeplin decidimos volvernos, como sea. Sólo la locura acecha en estas cuevas infernales.

Empujamos al Prfezor Wilmor lejos de su maldito meteorito y lo llevamos a rastras con nosotros, aullando y llorando. Intentamos hacer lo mismo con Gullll, pero nos amenazó con su cuchillo.

Tengo hambre.



*** ???

errmy

ya no tengo hambre



*** ???

errili
me dejaron escribirte esto al menos eso me dejaron
dicen que le hice algo horrible a matews pero no recuerdo, matews es mi amigo
algo horrible la luz del meteorito
el ser terrible lo despertamos
ya es hora




Inmediatamente comprendí la gravedad de lo que narraban estas cartas semicoherentes. Que el Prince Albert logró volver a Londres es evidente; debió haber sido tripulado por el destacamento remanente, y trasportado a los pocos afortunados que lograron escapar de las cuevas, Scott y sus benditas cartas incluidos. Inquietome la mención a los Antiguos, pues su descripción me resulta similar a ciertas civilizaciones pre-druídicas que... pero deberé investigarlo en el Museo a la brevedad.

Del Coronel Kurtz y el Doctor Gull no se sabe nada al día de la fecha.


[1] En inglés en el original. (N. del T.)
[2] Her Majesty's Ship, denominación de navíos y vehículos al servicio de la Corona Británica. (N. del T.)



Terribles revelaciones para las cuales el hombre no está preparado nos esperan en el próximo episodio:

Tomo III-a - "El horror, el horror": el Coronel Kurtz y su puñado de malayos sobreviven y se adentran aún más en las cuevas, descubriendo algo espantoso sobre los Antiguos y su meteorito.

Tomo III-b - "Una noche en el museo": el Profesor William Higgs se dirige al Museo Trans-Británico, en busca de bibliografía sobre los Antiguos, sin saber que fuerzas cósmicas ya se han abatido sobre Londres, fuerzas que no han de satisfacerse meramente con estudiarnos, y que se retuercen con maldad milenaria y terrible propósito.

Tomo III-c - "El hombre de hojalata": ajeno a la triste suerte de la Expedición Willmoore, el Mecanicista Imperial Charles Babbage termina de ensamblar su más reciente invención: un hombre mecánico y autónomo, capaz de razonar como un niño de cinco años. ¿Es su complejo cerebro de relojería un avance prodigioso para la humanidad? ¿O es, por el contrario, un límite que jamás debió cruzarse?

domingo, 15 de julio de 2012

Tomo I - La Sociedad de Gentiles Caballeros

El gutural pitido del Gran Vent marcó las diez, cortando por un momento con el monótono "clipiti-clop" de los caballos sobre la piedra del camino. Corrí la cortina del carruaje para poder observar mejor la noche londinense y pude sentir el frío a traves de lo cristales. El ténue fulgor de las luces de gas se fundía en la niebla, dejando sólo entrever la fría piedra de las casas circundantes, una coraza vacía e impersonal. De sus cálidos habitantes no había vestigios en la dura noche, acurrucándose cual leños junto al fuego de su interior.

Antes de poder sumergirme nuevamente en mis cavilaciones, el carruaje se detuvo y con un suave pitido de vapor la puerta comenzó a abrirse, desplegando los engranajes de la escalera. Ajusté mi capa y mi sombrero de copa, y bajé del carruaje, sin más que un ademán hacia el cochero y sus ahora inertes corceles de bronce. Sólo el fulgor ténue de sus ojos rojos iluminaba los hilos de vapor que se elevaban de sus hocicos de metal.

Jonás "el seco" se hallaba en la puerta, enfundado en un traje desaliñado, que probablemente hubiera sido donado por la viuda de un caballero tan poco afortunado como él. Las rayas no estaban de moda hacían varios años en Londres, pero ni eso ni el penetrante frío parecía importarle demasiado, razón que atribuí a la botella que intentaba disimular.
- Buenas Noches, Ser William - dijo con un ademán mientras miraba de reojo mi carruaje, con desconfianza.
- Buenas Noches, Jonás - le respondí extendiendo un chelín que guardó automáticamente - ¿has comido algo todavía? Enviaré a Davis con una sopa, la noche está helada...
- Es usted muy amable, Ser... - inclinó la cabeza, sin nunca dejar de mirar mis caballos.
- ¿No te agrada el carruaje, Jonás? - pregunté, casi intuyendo su respuesta.
- No, Ser... - dijo con un poco de vergüenza.
- El Vapor mueve al mundo, Jonás, es hora de que lo aceptes...
- ¡Pero, Ser William! ¡El agua es la sangre de nuestro Señor Jesucristo! - se apresuró a decir. Su tono de voz bajó hasta hacerse casi inaudible - ... en cambio las llamas...
- ¿El instrumento de Lucifer? - completé para su sorpresa. Sus ojos se abrieron como si hubiera visto un demonio.
- ¡Redentor! - exhortó mientras se presignaba.
No debería jugar con las supersticiones de la gente, lo sé. Pero como hombre de ciencia sólo puedo tolerar una pequeña dosis de ignorancia. Lo dejé murmurando y entré al edificio. La sopa lo llevaría nuevamente a sus cabales.


El Gran Salón de la Sociedad de Gentiles Caballeros, o el "Club", como le decimos sus miembros, rebozaba de actividad. Las mujeres tienen prohibida la entrada a esta sagrada institución, así que por sus pasillos sólo pueden verse jovencitas de cortas faldas y turgentes escotes, cigarreras y mozas, sirviendo y recreando la vista de tan distinguidos miembros.

La banda, con sus grandes engranajes y fuelles, ejecutaba una melodía tranquila alimentada por sus gruesos tubos de bronce, mientras algunos grupos jugaban cartas y otros billar. Me acerqué a los sillones frente a la chimenea principal, los no tan jóvenes preferimos tareas menos ajetreadas, como los cigarros y el cognac.

Ser Winston Baldevere ya estaba allí, junto con otro gentil-hombre cuya identidad desconocía. Tenía un monóculo de bronce incrustado de forma tal que no parecía removerse de su cabeza, tal vez suplantando un ojo perdido en un accidente. La historia podía ser interesante, lo que me impulsó aún más a acercarme. Ser Manderly Braid estaba allí con su grueso vientre y sus pobladas patillas, al igual que Ser Bladford Weathley Stanford III con su tono elevado y sus gestos exagerados. Bladford era lo que llamábamos un "gentil heredero", es decir, un noble nacido en tanta fortuna que no había considerado jamás la necesidad de devolver algo a la humanidad con, por ejemplo, un trabajo o siquiera un mísero hobby. Bladford consideraba que su presencia era de por sí un gran regalo al mundo que todos deberíamos apreciar.

- ¡Ser William Higgs! - interrumpió Winston al verme aparecer. Todos callaron un momento para permitirme la inclusión al círculo de conversación.
- Ser Winston, Sers...
- Permítame presentarle al profesor Vladimir Azblanazi.
- Profesor... - al estrechar su mano enguantada pude ver los finos tubos en dorso, su mano también era prostética. Esto se ponía aún más interesante.
- Ser William es...
- Director de Mito-Arqueología del Museo Trans-Británico, - interrumpió el profesor Azblanazi - experto en civilizaciones pre-atlántidas y la persona viva que entiende más lenguas muertas sobre la faz de la tierra, ¿estoy en lo correcto?
- ¡Touché! - dije con una sonrisa, pero recuperando mi mano de su fría prisión. Su tono de voz me dio un breve escalofrío.
Ser Winston parecía un poco confuso.
- Debo disculparme, - dijo el profesor en su acento balcánico - si no he sido completamente honesto con usted, Ser Baldevere. Conocer a Ser William es realmente la razón de mi visita. Si ustedes saben disculparme, necesito unos minutos a solas con él.
- ¡Naturalmente! - respondió Ser Winston todavía sorprendido. - Cuando terminen con su negocio pueden compartir con nosotros unas copas de este excelente cognac...
- Este Napoleón IV no va a tomarse sólo... - añadió Bladford con una carcajada, dándonos el pié para dividirnos sin más gentilezas.

Nos alejamos unos metros, lo suficientemente cerca como para no ser descorteses pero lo suficientemente lejos como para que nuestro tono de voz no fuera audible. Encendí un cigarro. Un lento Zeppelin atravesaba el cielo encapotado, visible parcialmente por fuera del arco del ventanal.

- Iré al grano, - dijo el Profesor Azblanazi, como si hasta ahora hubiera dado algún rodeo. - Vengo a hablarle de Ser Roger Willmoore.
El nombre me golpeó como una bocanada de aire helado. Azblanazi pudo ver mi sorpresa e interceptó mi pregunta antes de que pudiera formularla.
- ¿Cómo lo conozco? Lo conocí antes de que partiera en su última expedición a las cuevas Ygghador, en Islandia.
- ¿Ser Roger ha vuelto? - atiné a a preguntar. Otro millón de preguntas comenzaron a agolparse en mi frente.
- Sí... y no.
Su ojo bueno se clavó por primera vez en los míos y cruzamos la mirada. Su otro ojo, en el fondo de su lente, era inescrutable.
- Ser Roger ha vuelto físicamente a Londres, sí... pero no puedo decir lo mismo de su intelecto.
- ¿Ha perdido la razón? - el millón de preguntas, lejos de evacuarse, se seguía incrementando.
- Podría decirse, sí. Pero antes de que pregunte qué ocurrió, debo confesarle que no lo sé. Sólo puedo deducir parte de lo que ha ocurrido. Ser Roger no ha podido explicarme nada. He venido a pedirle que me acompañe a verlo, tal vez usted pueda sacar algo que hemos pasado por alto.
- ¡Naturalmente! Ser Roger no sólo es un estimado colega... también es un amigo... qué desgracia...
- Sólo una cosa repite una y otra vez, y ahí esperaba que pudiera ayudarme aún antes de verlo. Una frase. La he escrito.

Azblanazi me extendió un papel con unos garabatos. Era un intento fonético por reproducir lo que probablemente Ser Roger en su insanía intentaba vocalizar. No eran sonidos naturales para un ser humano.

"Kbzub'tkch graburgh R'lye zkrtywe"

Formar estos sonidos en mi mente, el sólo reconocer su dialecto, me puso los pelos de punta. En su inhumano lenguaje, la frase decía:

"El agua es torturada. No más. R'lye vigila."

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En nuestro próximo episodio:

Tomo II-a - "Cita con Roger": Ser William acompaña al profesor Azblanazi al asilo a ver a Roger, para descubrir con estupor que no es el único discurso demencial que comienza a cobrar sentido.

Tomo II-b - "Cumbres Vaporosas": Ser William decide pasar primero por el museo, sólo para encontrar que una fuerza sobrenatural ya está intentando forzar su entrada a este mundo.

Tomo II-c - "Pánico y Locura en las Cuevas": meses atrás, la inminente expedición arqueológica en las cuevas de Islandia está a punto de transformarse en una experiencia aterradora.